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miércoles, 23 de julio de 2008

El Colegio Nacional

Si la Nación se ocupa de mantener algún Colegio Nacional en cualquier otro lugar del país, Mar del Plata tiene el mismo derecho que esa dichosa comunidad de volver a tener nuevamente el suyo. En varios sitios de Mar del Plata encontramos una clase de edificios que con su fachada ocupan toda una cuadra, o más frentes de la manzana, y que por esta característica podríamos entenderlos como fragmentos urbanos en si mismos. Este tipo de edificios constituyen lugares que presentan una vista ordenada, conformando un paisaje urbano característico y aportando sitios a la imagen de nuestra ciudad. Ejemplos de este caso son los colegios Peralta Ramos, Don Bosco, Pablo Tavelli, el Instituto Nacional de Epidemiología o el Colegio Nacional Mariano Moreno entre tantos otros. Algunos están diseñados tomando en cuenta aspectos que sirven para morigerar los impactos que pueden generar edificios de tal magnitud cuando su inserción se da en determinados tipos de tejido urbano como barrios residenciales. En lo que concierne a este problema de diseño es en donde se presentan soluciones respetuosas de las relaciones entre el edificio y el entorno, y precisamente ahí están los valores a proteger. Cuando la implantación de un equipamiento urbano como este se da en barrios con características especiales, como por ejemplo cierta uniformidad en el tejido, o grupos sociales ya asentados o entornos determinados con significados preexistentes, se establecen relaciones aceptadas que perduraran en el tiempo, y que educan en temas de urbanidad. El edificio del Colegio Nacional Mariano Moreno tiene diversos gestos que denotan respeto y consideración por su relación con la ciudad y el barrio. La gran entrada del Colegio, ejecutada en piedra y formando tres pórticos de doble altura con puertas dobles cada uno y salida del local de la biblioteca en primer piso, esta enmarcada con la presencia de dos grandes luminarias de hierro forjado, con enormes vidrios trapezoidales, que la iluminan, y también al barrio, ya que el edificio recorre toda la cuadra de Mitre, y tomando Gascón y Alberti, suma más de 200 metros de frente. Es necesario restaurar las dos farolas, y también la tercera, sobre el frente casi en la esquina de Gascón, de la cual solo queda el parante de hierro. Otro gesto respetuoso es ensanchar la vereda un metro más para darle perspectiva al frente y mas espacio al barrio, sumando también un zócalo amable, que fue siempre usado de escalón a las ventanas, para conversar los de afuera y los de adentro. La esquina, sin ochava y con un espacio adecuado para el encuentro por superficie y situación, propone el volumen de administración con la forma ideal de casa con techo a dos aguas de teja española, haciendo tomar una escala barrial al gran edificio. Los parques del colegio se encuentran hoy, uno tomado por un gimnasio anexo al original, pero construido sin la calidad del conjunto preexistente ni la materialidad debida del caso. Y el otro tapiado y sin uso, no aprovecha la excelente relación de las ventanas de las aulas con la calle, que hace innecesario el muro ciego que lo cierra y debiera estar anexado visualmente al barrio, por medio de rejas y muros bajos. El edificio es muestra representativa de un tipo de arquitectura pensada desde el Estado, en una época en donde existía una planificación territorial para dotar de equipamientos y dar respuesta a las demandas de todos los lugares del país en materia de educación, respondiendo también con su desarrollo estilístico al entorno marplatense y sus modos de construir, usando la piedra como elemento significativo en sus diferentes aparejos y terminaciones, aportando al barrio en que se inserta una cuota de calidad constructiva que se aprecia hasta hoy día.

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